Frutas de la Amazonía boliviana

Tres tesoros frutales de la Amazonía boliviana que quizás no conocías

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Cuando pensamos en Bolivia, probablemente vienen a nuestra mente lugares impresionantes como Cochabamba, Oruro, La Paz y el imponente salar de Uyuni, sus paisajes andinos y la riqueza de sus culturas originarias. Pero existe otra Bolivia, menos conocida y llena de sabores: la que se encuentra en sus tierras bajas y en la Amazonía.

Allí crecen tesoros frutales que forman parte de la alimentación, la cultura y las actividades productivas de numerosas comunidades, pero que todavía son poco conocidas fuera de la región.

Entre ellas destacan: achachairú, motacú y copoazú tres ejemplos de esa riqueza. Son frutas diferentes, con sabores, usos y características propias, pero comparten algo: representan parte de la extraordinaria biodiversidad y del patrimonio alimentario de Bolivia.

 

Achachairú: el beso de miel

El achachairú (Garcinia humilis), una fruta que está empezando a cotizarse a nivel internacional y que quizás sea la más emblemática de Bolivia. Su nombre proviene del idioma guaraní y significa “beso de miel”, una descripción perfecta para su sabor dulce y delicado.

Achachairú

Se cultiva tradicionalmente en el departamento de Santa Cruz, cuyo municipio de Porongo es conocido como la capital del achachairú.

El fruto tiene una cáscara de tonalidad amarilla o anaranjada cuando madura, que abre fácilmente para revelar una pulpa blanca, jugosa y aromática.  Su sabor es una mezcla perfecta de dulzura y acidez, con un toque refrescante que lo hace irresistible en climas cálidos.

El achachairú es rico en vitamina C, antioxidantes y fibra, lo que lo convierte en un aliado para el sistema inmunológico y la digestión. Hoy en día, su cultivo se ha expandido a países como Brasil, Australia y México, pero su identidad es profundamente boliviana.

 

Motacú: una palmera de aprovechamiento múltiple

El segundo tesoro amazónico tiene una particularidad: no es solamente una fruta, sino parte de una palmera con múltiples usos.

Mocatú

En la región del Alto Beni, en el oriente boliviano, crece una palmera solitaria llamada motacú (Attalea princeps). De la palmera, nacen unos racimos cuyos frutos también llamados motacú, tienen forma alargada y de sus semillas se extraen aceites. Pero la utilidad de la palmera no termina allí. Sus hojas también han sido utilizadas tradicionalmente para distintos fines, entre ellos la elaboración de objetos y materiales de uso cotidiano.

El fruto tiene una cáscara fibrosa que adquiere tonalidades amarillentas cuando madura, y su pulpa es pastosa, dulce y fácil de desprender.

Fuente natural de vitamina A y contiene niveles altos de proteína. Su aceite, extraído de las semillas, es utilizado muy a menudo para fortalecer el cabello, hidratar de la piel y aliviar resfriados y bronquitis.

En el Alto Beni, las mujeres emprendedoras han desarrollado iniciativas para transformar el motacú en jugos, queques y mazamorras, incluso incorporándolo al desayuno escolar, lo que demuestra su potencial como recurso alimenticio y económico para las comunidades.

Estas experiencias muestran cómo la biodiversidad puede convertirse en una oportunidad de emprendimiento, siempre que su aprovechamiento respete los ciclos naturales y el conocimiento de las comunidades.

 

Copoazú: el pariente amazónico del cacao

Si eres amante del chocolate, esta fruta probablemente llamará tu atención.

El copoazú (Theobroma grandiflorum), conocido como cacao blanco, es un pariente cercano del cacao y procede de la Amazonía oriental, extendiéndose por Bolivia, Brasil, Perú y Colombia.

Copoazú

Su nombre científico, Theobroma grandiflorum, significa “alimento de los dioses de flores grandes”, un nombre que ya nos adelanta su importancia cultural y alimenticia.

Los frutos del copoazú son grandes, pueden pesar hasta 5 kilogramos y tienen una cáscara dura de color marrón oscuro. Al abrirlos, se descubre una pulpa blanca, cremosa y de textura suave, con un sabor agridulce y un aroma a chocolate y caramelo.

Pero a diferencia del cacao tradicional, el copoazú tiene más pulpa que semillas, lo que permite aprovechar ambas partes.

La pulpa se utiliza en jugos, mermeladas y helados, mientras que las semillas se tuestan y muelen para producir cupulate, un producto con características similares al chocolate. Además, el copoazú es rico en vitamina C, fósforo, calcio y antioxidantes, y su manteca es ampliamente utilizada en la industria cosmética por sus propiedades hidratantes y emolientes.

 

Biodiversidad que también se come

Conocer estas frutas es una forma de acercarse a la Amazonía boliviana desde sus sabores y sus saberes. El achachairú, el motacú y el copoazú hablan de una región donde la biodiversidad no es una idea abstracta: está presente en la mesa, en las economías locales y en las tradiciones que pasan de una generación a otra.

Valorar estos productos también implica promover un consumo responsable, apoyar iniciativas locales y reconocer el papel de las comunidades en la protección de los ecosistemas donde crecen.

 

¿Cuál probarías primero? ¿Ya conocías alguna de estas frutas?

Déjanos tu opinión en los comentarios. Comparte este artículo con esa persona que disfruta descubrir sabores nuevos y ayúdanos a poner en el mapa algunos de los tesoros gastronómicos de la Amazonía boliviana.

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